
Ciudad de México, 15 de abril de 2026 – Esto ya no es una simple crisis política. Esto es el colapso total de la oposición mexicana ante los ojos de todo el país.
Hace apenas unas horas, Alejandro “Alito” Moreno, presidente nacional del PRI, salió públicamente a rogar. Con la voz entrecortada y el rostro descompuesto, convocó a los medios para suplicarle a Marco Cortés (PAN) y a Dante Delgado (Movimiento Ciudadano) que reconstruyeran la alianza “Va por México”.
No fue un llamado a la unidad por México. Fue el grito desesperado de un náufrago que ve cómo se hunde su barco.
La respuesta que recibió fue brutal.
La humillación fue total y transmitida en vivo a nivel nacional. El partido que gobernó México durante más de 70 años ahora mendiga alianzas… y recibe portazos en la cara.
El 2 de junio, Claudia Sheinbaum no solo ganó la Presidencia por una ventaja histórica. Obtuvo la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, convirtiendo el “Plan C” en una realidad.
Alito no solo destruyó su propio partido, sino que arrastró a toda la oposición en su caída. PAN y MC ya no quieren saber nada de un partido que los votantes asocian directamente con corrupción y derrota.
Mientras la oposición se desangra en público, la presidenta Claudia Sheinbaum guarda un silencio estratégico. No necesita atacar. No necesita responder. Simplemente deja que sus rivales se autodestruyan.
Resultado: la oposición ya no existe como bloque unido. En el nuevo Congreso no habrá una fuerza real que pueda frenar las reformas constitucionales (judicial, electoral, energética y de seguridad).
Es la primera vez en la historia moderna que un presidente mexicano tendrá un margen de maniobra casi ilimitado.
Claudia Sheinbaum, en cambio, recibe el mejor regalo que un presidente puede desear: una oposición hecha pedazos y un camino despejado para gobernar.
La historia de México acaba de presenciar el fin de una era.