
A las 10:33 de la mañana del 8 de abril de 2026, todo México contuvo el aliento al ver el momento histórico en la mina Santa Fe, en El Rosario, Sinaloa. Francisco Zapata Nájera, minero de 42 años originario de Santiago Papasquiaro, Durango, salió caminando por sus propios pies después de 14 días sepultado vivo a 300 metros bajo tierra.
Sin comida, bebiendo solo agua mezclada con lodo, en completa oscuridad y en un espacio diminuto donde apenas podía respirar, Francisco sobrevivió gracias a una pequeña burbuja de aire que él mismo logró preservar. Cuando los buzos del Batallón de Atención a Emergencias del Ejército Mexicano lo encontraron, estaba consciente y lo primero que dijo fue una frase que dejó a todo el país con la piel de gallina:
“Gracias a Dios, yo no perdí la fe”
El derrumbe ocurrió el 25 de marzo de 2026 por la ruptura de la presa de jales. De los 25 trabajadores que estaban dentro, 21 lograron salir. Francisco y otros tres quedaron atrapados en un laberinto de túneles inundados de agua y lodo.
Durante 14 días interminables, Francisco:
Más de 356 rescatistas trabajaron sin parar las 24 horas del día durante dos semanas. Usaron bombas de alta potencia (25 HP, extrayendo 9 litros por segundo) para bajar el nivel del agua. Los buzos tuvieron que avanzar en condiciones de visibilidad nula, enfrentando lodo espeso y galerías inundadas.
Cuando finalmente lo sacaron, Francisco dijo que tenía mucha hambre y sed. Fue estabilizado en el lugar con barras energéticas, agua y oxígeno, y luego trasladado en helicóptero al Hospital General de Mazatlán, donde recibe atención por deshidratación severa.
Hasta ahora, dos mineros han sido rescatados con vida, uno fue encontrado sin vida y las brigadas siguen buscando al cuarto trabajador desaparecido.
No se trata solo de un milagro personal. Es un testimonio de la fe inquebrantable, de la profesionalidad de los rescatistas mexicanos y del compromiso del Estado de no abandonar a sus trabajadores. Al mismo tiempo, recuerda los riesgos que miles de mineros enfrentan cada día en condiciones laborales extremas.
Francisco Zapata, un minero común y corriente, se ha convertido en símbolo de la esperanza y la resistencia del pueblo trabajador de México.
Francisco ya está de regreso con su familia. Pero su mensaje sigue resonando en todo México: incluso en la oscuridad más profunda, la fe puede mantener a una persona de pie.