
¡Se le cerraron todas las puertas! Saúl Monreal quedó atrapado en su propia ambición política y ahora enfrenta el golpe más duro de su carrera rumbo a Zacatecas. Morena le pone un alto por nepotismo, el PT le da la espalda y el Verde tampoco lo quiere. ¿Se acabó el poder del clan Monreal o apenas comienza una guerra interna que podría sacudir por completo al oficialismo? Lo que está pasando detrás de esta disputa podría cambiar el mapa político de 2027.
La carrera por la gubernatura de Zacatecas rumbo a 2027 comienza a tensarse dentro del oficialismo. Saúl Monreal, senador de Morena y miembro de una de las familias más influyentes del estado, enfrenta un escenario cada vez más adverso: los estatutos de su propio partido le complican el camino, mientras que los aliados tradicionales de la llamada Cuarta Transformación tampoco parecen dispuestos a abrirle la puerta.
La controversia gira en torno a una regla interna de Morena que prohíbe, a partir de 2027, que familiares directos de un gobernante saliente sean postulados como candidatos. Aunque no se trata todavía de una ley general, sino de un estatuto partidista, el precedente político y jurídico indica que estas normas internas sí tienen validez y pueden ser respaldadas por las autoridades electorales.
El debate se ha centrado en el concepto de nepotismo, una práctica que Morena dice querer erradicar de su vida interna. En términos simples, se considera nepotismo cuando un funcionario impulsa o favorece a un familiar directo para sucederlo en el poder, aun cuando después ese familiar compita en una elección constitucional.
En el caso de Zacatecas, el problema para Saúl Monreal es evidente: buscar la gubernatura tras el mandato de su hermano, el actual gobernador David Monreal, lo colocaría directamente en el centro de esa prohibición interna.
Aunque algunos intentan argumentar que no habría nepotismo si la candidatura se define mediante encuesta o votación, dentro del propio movimiento hay voces que sostienen que el problema comienza desde la designación inicial, cuando un apellido pesa más que las condiciones de competencia para otros aspirantes.
Quienes defienden la validez de esta restricción recuerdan que los estatutos de los partidos no son simples documentos decorativos. Son normas internas reconocidas por las autoridades electorales y, en múltiples casos, han sido respetadas por los tribunales.
Uno de los ejemplos más citados es el del PRI, donde cambios internos impulsados por Alejandro “Alito” Moreno fueron finalmente avalados, permitiéndole mantenerse al frente del partido. Bajo esa lógica, si los estatutos del PRI fueron reconocidos, también los de Morena podrían ser aplicados sin mayor dificultad.
Por eso, dentro del oficialismo se insiste en que Saúl Monreal no puede ignorar las reglas del partido solo porque no le favorecen. Si no está de acuerdo con ellas, señalan sus críticos, tendría que asumir las consecuencias políticas de seguir o no dentro de Morena.
La situación se complica todavía más porque la alternativa de buscar refugio en partidos aliados tampoco luce viable. En días recientes, tanto el Partido del Trabajo (PT) como el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) dejaron en claro que no contemplan postular a Saúl Monreal.
Desde el PT se afirmó que Zacatecas forma parte de una estrategia propia y que, por ahora, el partido tiene su propia dinámica y sus propios perfiles. El mensaje fue claro: no hay invitación para Monreal.
Por su parte, en el Verde también se ha enfriado cualquier especulación. Dirigentes cercanos al partido dejaron ver que la prioridad está en sus propios cuadros y que, en todo caso, cualquier aspiración ajena tendría que pasar primero por una ruptura formal con Morena.
Así, el senador queda en una posición incómoda: Morena le pone límites por sus estatutos, el PT no lo quiere y el Verde tampoco lo asume como opción real.
Este episodio también revela otra fractura dentro de la coalición gobernante. Tanto el PT como el PVEM han comenzado a marcar distancia de Morena en varios estados, sobre todo en aquellas entidades donde consideran que pueden competir por cuenta propia.
San Luis Potosí, Michoacán y otras plazas ya aparecen en el radar de los partidos aliados como territorios donde no necesariamente irán en coalición. Esto rompe con la idea de una alianza automática y exhibe una realidad más pragmática: cada partido está calculando dónde le conviene caminar solo y dónde sí necesita a Morena.
En ese contexto, la figura de Saúl Monreal pierde margen de maniobra. Apostar por una candidatura externa ya no parece tan sencillo como se había sugerido en meses pasados.
Pese al cierre de puertas, el senador no ha renunciado públicamente a su aspiración. Ha dicho que, por ahora, no contempla pedir licencia y que su intención es agotar el proceso interno de Morena, siempre que se le permita participar.
Su argumento central es que solo pide ser incluido en la encuesta, y que sea ese mecanismo el que defina si tiene respaldo o no. Sin embargo, dentro del partido hay quienes advierten que permitirle competir implicaría abrir la puerta a una contradicción directa con los estatutos sobre nepotismo.
Y eso, aseguran, podría provocar un efecto dominó en otros estados del país.
La disputa en Zacatecas no solo es local. También funciona como una prueba para Morena en un momento en que busca sostener el discurso de renovación ética y combate al nepotismo.
Si el partido hace una excepción con Saúl Monreal, podría debilitar seriamente su narrativa interna. Pero si mantiene la restricción, corre el riesgo de profundizar tensiones con grupos regionales poderosos que todavía conservan peso político y territorial.
Por ahora, el mensaje parece ser contundente: las reglas internas no están hechas para negociarse según el apellido del aspirante.
A medida que se acercan las definiciones rumbo a 2027, el panorama para Saúl Monreal luce cada vez más estrecho. Lo que hace unos meses parecía una aspiración natural dentro del clan Monreal, hoy se ha convertido en una candidatura atrapada entre estatutos, cálculos partidistas y el reacomodo de fuerzas dentro de la coalición oficialista.
En política, los apellidos pesan, pero no siempre alcanzan. Y en Zacatecas, todo indica que el menor de los Monreal podría terminar quedándose, políticamente, como el perro de las dos tortas.